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HISTORIA DE ROMANGORDO

Prehistoria:
Cueva de la Canaleja
Historia
de Albalat
La Campana
de Albalat

Puente
de Albalat

Interrogatorio
de 1753

Interrogatorio
de 1786

Lugar Nuevo
1811- 1812

Romangordo
1808 - 1812

Madoz

La nueva Campana de Albalat
 
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EL ATAQUE
SORPRESA
DE ALMARAZ
[1]

SURPRISE
OF AMARAZ

EL MAPA
DE NAPIER

BIOGRAFÍA
DE NAPIER

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El valle
del Tajo

Los puentes
del Tajo

Los fuertes
de Miravete

La decisión de
Wellington

Las fuerzas francesas
en la zona

Precauciones
de Wellington

Comienzo
de la expedición

Primer
plan

 
 
Segundo
plan
La mujer espía
de Romangordo
El combate
y su resultado
El batallón francés
que no llegó
El erróneo informe
de Erskine
Descontento
de Wellington
Descontento del
rey José Bonaparte
 
 


"Barcos y provisiones suministrados desde Toledo y Madrid estaban ya siendo reunidos en el fuerte de Lugar Nuevo cerca de Almaraz y desde ahí como desde una plaza de armas los franceses podrían avanzar sobre Coria, Plasencia y Castelo Branco, amenazando a Abrantes, Celorico, Ciudad Rodrigo y Almeida, mientras destacamentos procedentes del ejército del norte reforzarían al ejército de Portugal. Pero para evitar este último peligro Wellington programó una de esas operaciones que son consideradas con asombro cuando tienen éxito y son atribuidas a la locura cuando fracasan:

EL ATAQUE SORPRESA A ALMARAZ

Características geográficas del valle del Tajo[2]
Se ha expuesto antes que la orilla izquierda del Tajo desde Toledo a Almaraz  está bordeada de montañas escarpadas; que los caminos a través de éstas, impracticables para un ejército, son difíciles incluso para pequeñas divisiones; que desde Almaraz a la frontera de Portugal el país es más abierto, no obstante todavía difícil, y el Tajo sólo puede ser cruzado en ciertos puntos a los que descendían malas carreteras que iban a través de montañas.

Los puentes del Tajo y los fuertes de Lugar Nuevo
Pero desde Almaraz a Alcántara todos los puentes habían sido destruidos hacía tiempo y los de Arzobispo y Talavera, situados entre Almaraz y Toledo, eran de poco valor por causa de las montañas. Un equipo de pontones de Soult había sido capturado en Badajoz y por lo tanto los franceses no tenían ningún paso en el Tajo desde Toledo a Portugal excepto el puente de barcas de Marmont  situado en Almaraz, que estaba protegido por tres fuertes y una cabeza de puente. Uno de estos fuertes, llamado Ragusa, era un polvorín y aunque no terminado era muy robusto. Estaba flanqueado por una fortificación hecha en el campo y tenía en su interior una torre de piedra con troneras de 25 pies de alta. En la orilla izquierda del Tajo el puente tenía una cabeza fortificada de mampostería, flanqueada por un reducto llamado Fuerte de Napoleón, situado en la parte delantera de una cima. Este fuerte, imperfectamente construido puesto que una ancha cornisa a mitad de la altura de la escarpa permitía a las tropas escaladoras apoyarse y volver a fijar sus escaleras, era robusto y tenía una segunda defensa interior con zanjas, puente levadizo, empalizadas y una torre de piedra provista de troneras. Estas fortificaciones armadas con 18 cañones y ocupadas por una guarnición de un millar de hombres, aseguraban el dominio del río.

Los fuertes de Miravete
Pero las montañas en la orilla izquierda impedían el paso de un ejército hacia la baja Extremadura excepto por la camino real a Trujillo, que a cinco millas desde el río pasaba sobre la escarpada sierra de Miravete, en cuya cima otras fortificaciones habían sido trazadas de una parte a otra del desfiladero del puerto. Había también una casa grande fortificada conectada por puestos más pequeños con la antigua atalaya de Miravete, que contenía ocho cañones y estaba rodeada de un muro de doce pies de alto. Si todas estas fortificaciones y la calzada romana del Puerto del Pico, que estaba siendo reparada, hubiesen sido completadas, la comunicación entre Soult y Marmont, aunque tortuosa, habría sido segura.

La decisión de Welligton
Wellington temiendo esto, había, como se ha contado antes, organizado con anterioridad al asedio de Badajoz una magnífica operación con la intención de atacarlos por sorpresa: él en aquel entonces quedó frustrado por el gobierno portugués, pero ahora ordenó a Hill que lo intentara con una fuerza de seis mil hombres, incluyendo cuatrocientos jinetes, dos baterías de campo, seis obuses de hierro de 24 libras y un convoy para transportar un pontón. Cuando el ejército estaba en los alrededores de Badajoz solamente había que preocuparse de la resistencia de los fuertes.

Distribución de las fuerzas francesas en la zona
En este momento la división de Foy estaba en el valle del Tajo, D’Armagnac ocupaba Talavera con tropas del ejército del centro, Drouet tenía ocho mil soldados de infantería en Hinojosa de Córdoba y su caballería estaba en la carretera que conducía a Medellín; Drouet estaba consecuentemente más cerca de Mérida que Hill de Almaraz y podría fácilmente interceptar su retirada. Soult también podría enviar una fuerza desde Sevilla por Santa Olalla del Cala contra sir William Erskine, que estaba con la caballería y el resto de la infantería de Hill cerca de Almendralejo.

Precauciones de Wellington antes de enviar la expedición del general Hill
Wellington habiendo considerado estos aspectos envió a Graham a Portalegre con las divisiones primera y sexta y la caballería de Cotton, y de este modo, incluyendo el cuerpo de ejército de Erskine, veinte mil hombres estaban listos para proteger a Hill; pero Drouet podría aún interponerse entre él y Erskine y golpearlos bien antes de que Graham pudiera acercarse, por lo cual se barajaron otras posibilidades. En primer lugar: se escogió para la acción el momento en el que Soult, habiendo enviado destacamentos en varias direcciones para restablecer sus comunicaciones en Andalucía, él mismo había marchado a Cádiz con una división. En segundo lugar: rumores hábilmente extendidos y demostraciones con la milicia del Alentejo, hicieron que los franceses creyeran que diez mil hombres estaban bajando el Guadiana en dirección a Niebla, como preparación para la invasión de Andalucía, una idea confirmada por la fuerza bajo el mando de Graham, por los grupos de caballería que estaban avanzando hacia Sierra Morena, por la reconstrucción del puente de Mérida con la intención confesada de enviar a Almendralejo los cañones de Hill y un convoy para transportar un pontón,  por el recorrido de las carreteras de Córdoba con oficiales del servicio de exploración, que hicieron ostentosas indagaciones con respecto a los puestos franceses en esta zona de Andalucía.

Comienzo de la expedición contra Lugar Nuevo
Una dificultad inesperada ocurrió en Mérida. Dos arcos del puente se habían roto, la brecha era de dieciséis pies y la madera grande era escasa; por lo tanto la marcha de Hill se retrasó peligrosamente una quincena. El 12 de mayo sin embargo cruzó el Guadiana y recibió sus pontones y los pesados obuses, que vinieron de Elvas por la carretera de Montijo y eso era un gran convoy; puesto que se utilizaron cincuenta carros rústicos además de los cañones y carruajes ligeros para los pontones, escaleras y municiones. El 15 llegó a Trujillo. Mientras tanto para engañar a los franceses las partidas de guerrilleros de las montañas de Guadalupe bajaron a diferentes puntos entre Almaraz y Puente del Arzobispo como si fueran en busca de un lugar para colocar un puente que pudiera unir a Hill con Wellington que estaba en el norte. Los espías de Foy le dieron la noticia oportuna y verdadera de que Hill había cruzado el Guadiana, pero también le dijeron, y él les creyó, que el general tenía quince mil hombres y que dos brigadas de caballería le seguían: un informe incluso elevaba su fuerza a treinta mil.

Primer plan de ataque
El 16 Hill habiendo llegado a Jaraicejo formó tres columnas e hizo una marcha nocturna, intentando atacar por sorpresa simultáneamente la torre de Miravete, la casa fortificada del puerto y los fuertes del puente de Almaraz. Su columna izquierda, dirigida contra la torre, estaba a las órdenes del general Chowne, el centro, que tenía a los jinete y la artillería, avanzando por el camino real estaba bajo las órdenes del general Long, la derecha, compuesta de los regimientos 50º, 71º y 92º a las órdenes de Hill en persona tenía que ir al puente  por el estrecho y difícil camino de La Cueva y de Romangordo. El día despuntó antes de que las columnas llegaran a su destino y se extinguieron todas las esperanzas de un ataque por sorpresa. Este adverso comienzo fue inevitable en las columnas derecha y central, pero si Chowne no hubiera sido negligente habría podido llegar al castillo de Miravete antes del amanecer.

 

Fragmento del mapa de Napier

 

Exploración y segundo plan de ataque
Una exploración minuciosa convenció a Hill que para controlar todas las fortificaciones de Miravete debía sufrir más pérdidas de lo que era justificable y terminar en tal situación que no podría tomar después los fuertes del puente, objetivos principales de su expedición: pero solamente a través del puerto de Miravete era como la artillería podía avanzar contra el puente. En este dilema, después de perder el día 17 y parte del 18 en infructuosos intentos de descubrir alguna zona abierta a través de la cual llegar al valle de Almaraz con sus cañones, decidió dejarlos en la sierra con la columna del centro, hacer un falso ataque contra la torre con la fuerza que estaba a las órdenes de Chowne y ¡marchar él mismo secretamente por Romangordo a asaltar los otros fuertes que estaban defendidos con 18 cañones y una poderosa guarnición!

Esta decisión era más atrevida de lo que podría parecer sin la referencia de la situación general de los asuntos. Pues su marcha había sido secreta y en medio de varias divisiones del enemigo y fue un viaje de 4 días desde Mérida: la primera vez que se vio en unas circunstancias de tenerse que batir en retirada. Suponía que Drouet habría sido reforzado y que avanzaría hacia Medellín y que por consiguiente, derrotado o victorioso en Almaraz, su propia retirada sería difícil, sumamente difícil si fuera derrotado, porque sus tropas británicas sólo podrían ser rechazadas si sufrían numerosas bajas y él tendría que replegarse por un territorio dificultoso, con soldados desanimados por la derrota y cargado con hombres heridos. Entonces, acosado lateralmente por Drouet y perseguido por Foy y D’Armagnac, se habría expuesto a calamidades y toda lengua calumniosa se habría soltado para criticar la osadía de atacar unos fuertes inexpugnables: una carrera militar hasta ahora tan gloriosa podría de esta manera haber terminado vergonzosamente, pero totalmente carente de una ambición interesada, Hill era inquebrantable.

Comienzo del segundo plan
Las tropas permanecieron ocultas en su posición hasta la tarde del 18  y entonces el general, reforzando su propia columna con el sexto regimiento portugués, una compañía del 60º de rifles y artilleros de la columna del centro, comenzó el difícil descenso del valle. Planeó asaltar el fuerte de Napoleón antes del amanecer y era dudoso si las escaleras, que habían sido cortadas por la mitad para abrirse paso por las estrechas y cerradas curvas en el escarpado descenso, servirían para un asalto. Afortunadamente algunas pequeñas colinas ocultaron a la cabeza de la columna y en ese momento Chowne comenzó el falso ataque contra el castillo de Miravete. Columnas de humo blanco se levantaban sobre la elevada cima de la sierra, el pesado sonido de la artillería llegaba rodando por encima del valle y la guarnición del fuerte de Napoleón aglomerándose sobre los parapetos estaban mirando con inquietud estos anunciadores signos de guerra, cuando, rápido y enérgico, un grito británico estalló en sus oídos y el regimiento 50º, ayudado por un ala del 71º, llegó saltando al otro lado de la colina más cercana.

La mujer espía de Romangordo
Los franceses se sorprendieron de ver un enemigo tan próximo mientras Miravete era todavía defendido, sin embargo ellos estaban preparados, pues una patrulla de la caballería inglesa había sido vista desde el fuerte el día 17 en el puerto de Romangordo y la tarde del 18 una mujer de ese pueblo había llevado a Lugar Nuevo exacta información de la cantidad de soldados de Hill y de sus intenciones. Esta información provocó que el comandante Aubert fuese durante la noche con refuerzos al fuerte de Napoleón que estuvo por lo tanto defendido por seis compañías, incluyendo el regimiento francés  39º y soldados de un regimiento extranjero.

El combate y resultado
Estando preparados para combatir, cuando el primer grito fue oído, volvieron sus cabezas y con un denso fuego de mosquetería y artillería golpearon a los asaltantes de frente, mientras los cañones del fuerte de Ragusa los alcanzaron lateralmente desde el lado opuesto del río; sin embargo, los británicos, rápidamente recorrida una cuesta del terreno de solo 20 metros desde el parapeto, disparan desde el frente y el general Howard conduciendo a las tropas más importantes dentro de la zanja comenzó la escalada. La gran anchura de una cornisa  impedía que los extremos de las acortadas escaleras se apoyaran en el parapeto, pero los soldados que escalaron primero saltaron sobre la cornisa y tirando para arriba de las escaleras las colocaron allí, entonces con una segunda escalada subieron por la fuerza sobre el parapeto, y entonces, luchando cuerpo a cuerpo, amigos y enemigos entraron juntos en el reducto que estaba alrededor de la torre de piedra. Aubert fue herido y capturado, la torre no fue defendida y la guarnición huyó hacia la cabeza de puente, pero no se quitarían de encima a las tropas victoriosas: ellas entraron en esa fortificación en una masa confusa con los fugitivos que continuaron su huida por el puente mismo. Los soldados británicos continuaron su precipitada ofensiva matando a los más rezagados y habrían pasado el río si algunas de las barcas no hubieran sido destruidas por cañonazos perdidos desde los fuertes que ahora de repente se estaban cañoneando el uno al otro, pues los artilleros ingleses habían girado los cañones del fuerte de Napoleón contra el fuerte de Ragusa.

Muchos franceses se tiraron al agua y se ahogaron, la mayor parte fueron hechos prisioneros y para asombro de los conquistadores el pánico se extendió al otro lado del río; la guarnición del fuerte de Ragusa, aunque totalmente segura, abandonó también ese fuerte y huyó con los otros a Navalmoral por la carretera. Algunos granaderos del regimiento 92º, nadando al otro lado, trajeron varias barcas con las que el puente fue reparado y el fuerte de Ragusa fue también conquistado. Las torres y otras fortificaciones fueron destruidas, los pertrechos, la munición, los víveres y las barcas fueron quemados y por la noche las tropas regresaron a la sierra, llevando con ellos la bandera de un regimiento extranjero y 250 prisioneros, incluyendo un comandante y otros 16 oficiales. Los vencedores perdieron 120 hombres, un oficial de artillería fue matado por su propia mina después de la acción y el capitán Candler, un hombre valiente, cayó al frente de los granaderos del 50º regimiento sobre el parapeto del fuerte de Napoleón.

El batallón francés que no llegó a tiempo
La primera intención de Hill fue dirigir una parte de su columna contra la cabeza de puente, asaltando ambas fortificaciones a la vez, pero cuando las dificultades del camino estropearon este proyecto cayó sobre la fortificación más cercana con las tropas de cabeza, dejando que la retaguardia siguiera como pudiera. Esta rapidez fue una causa esencial del éxito, pues Foy, oyendo el 17 que los aliados estaban en Trujillo, había ordenado a D’Armagnac que reforzara Lugar Nuevo con un batallón, el cual estando en Navalmoral el 18 podría haber entrado en el fuerte de Ragusa temprano en la mañana del 19; sin embargo no se puso en movimiento hasta las once y entonces  encontrándose con los fugitivos en la carretera se contagió del pánico y regresó.

El erróneo informe de Erskine
Estando ahora Miravete aislado de la orilla derecha del Tajo, Hill estaba preparando someterlo con su pesada artillería, cuando un informe de Erskine motivó que él comenzase en conformidad con sus instrucciones una retirada a Mérida dejando Miravete  bloqueado por las partidas de guerrilleros de la zona. Soult mientras tanto había tenido noticias de la expedición el día 19 en Chiclana, sin embargo sólo rogó a Drouet que hiciera un movimiento de diversión en Extremadura sin abandonar su comunicación con Andalucía; pues la finalidad de la iniciativa de los aliados se le escapaba y creyendo que él sólo tenía que comprobar un movimiento que el rey le dijo que se había hecho con el propósito de reunirse con Wellington resolvió forzar las estancia de Hill en Extremadura. Consecuentemente con esta idea retiró sus destacamentos de Niebla a donde acababan de dispersar a un cuerpo de españoles que estaban en Villanueva de los Castillejos y entonces formando en Sevilla una división numerosa se propuso reforzar a Drouet y posibilitarle librar una batalla. Pero este general anticipándose a sus órdenes había ejercido presión sobre Don Benito con una guardia avanzada de cuatro mil hombres y sus patrullas de caballería pasando el Guadiana el 18 habían dado una batida en las carreteras que conducían a Miajadas y Mérida, mientras los dragones de Lallemand hicieron retroceder a las avanzadas británicas en la zona de Zafra.

Confundido por estos movimientos militares, Erskine informó a Graham y a Hill que Soult estaba en Extremadura con todo su ejército por lo cual Graham se acercó hasta Badajoz y Hill se retiró de Mirabete. El 26 llegó a Mérida sin problemas y entonces Drouet retiró sus tropas avanzadas y Graham volvió a Castelo de Vide. No obstante este error las precauciones de Wellington habían dado resultado, pues si Drouet hubiera conocido el objetivo real de Hill, habría marchado rápidamente desde Medellín con la totalidad de sus tropas, más de diez mil, para caer sobre él cuando saliera de los puertos de Trujillo y antes de que Erskine o Graham vinieran en su ayuda; por otro lado, suponiendo que se hubiera propuesto cruzar el Tajo, sus movimientos militares solamente habrían acelerado la retirada y salvado Miravete. Para golpear a Hill en un terreno adecuado se habría requerido sin embargo diligentes preparativos y mucho movimiento, pues él podría hacer su retirada por la carretera de Cáceres además de por la de Mérida.

Descontento de Wellington
Wellington, aunque muy descontento de que la falsa alarma de Erskine hubiera hecho incompleto el éxito, evitó toda pública expresión de desagrado, no sea que el enemigo que no tenía aparente interés en preservar el puesto de Miravete fuera impulsado a conservarlo y de esta manera estorbar a los aliados cuando sus operaciones requirieran una restauración del puente de Almaraz. Sin embargo a sus secretarios se quejó de que sus generales, firmes personalmente en la acción como los más insignificantes soldados, estuvieron comúnmente tan abrumados por el miedo de la responsabilidad cuando la dejó al criterio de ellos mismos, que el más leve movimiento del enemigo les privó de su opinión y extendieron innecesariamente la alarma por todas partes. En lugar de expresar su sorpresa, habría preferido reflexionar sobre la causa  de esta debilidad. Todos los generales británicos sabían que sin un poderoso interés sus perspectivas futuras y su reputación por los servicios pasados se desvanecerían juntas bajo la primera desgracia; que un gobierno egoísta les ofrecería como una víctima a un juicio público injusto y a una prensa procaz según los cuales el éxito es el único criterio de mérito. Los generales ingleses son y deben ser despilfarradores de su sangre para ganar reputación, pero ellos son necesariamente tímidos en el mando cuando un simple fracaso incluso sin culpa los relegaría por mucho tiempo a la vergüenza y la miseria: es sin embargo innegable que Erskine no era un oficial capaz.

Descontento del rey José Bonaparte
El rey estuvo igualmente descontento con Soult, cuyo negativa a reforzar a Drouet había, decía él, causado la pérdida de Almaraz; y afirmaba que si Hill hubiera sido más emprendedor, el arsenal de Madrid podría haber caído además del depósito de Almaraz, pues él pensaba que el general había traído la totalidad de sus fuerzas en lugar de seis mil hombres."
 


Nota
[1] En este documento de Napier sale el nombre de Almaraz 15 veces, de la cuales sólo en una ocasión se refiere al pueblo de Almaraz. Ocurre esto en la segunda línea cuando se dice que el fuerte de Lugar Nuevo está cerca de Almaraz. Hay otra ocasión en que se utiliza el nombre de Almaraz para referirse al puente de Albalat. En todas las demás ocasiones el nombre de Almaraz debe sustituirse en la lectura por el nombre de Lugar Nuevo. Los documentos ingleses sobre este episodio de la guerra de la Independencia  cometen habitualmente este error geográfico.
[2] Los subtítulos no son de Napier. Han sido colocados en esta edición "on line" para facilitar la consulta de algunos de los temas  que aparecen en este capítulo de History of the War in the Peninsula.


Bibliografía

Sir W. F. P. Napier, History of the War in the Peninsula, Vol. IV, Book XVII, Chap. I; London: Thomas and William Boone; 1862.

Traducción,  subtítulos y notas de Pedro Prieto Ramiro

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